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Ambar

Chiapas es el único productor de ámbar en México y sus pueblos lo ofrecían como tributo en la época prehispánica. Las manos del artesano hurgan las entrañas de la tierra en los alrededores de Simojovel, buscando el ámbar, la resina que data aproximadamente de hace 40 millones de años y que ha estado fosilada durante todo este tiempo.

Luego lo trabajan y lo entregan en forma de corazón, en gota, en ave o árbol. La gente de Chiapas porta el ámbar y con ello porta pedazos de la historia geológica de su tierra.

En él se encierra el aliento de los ancestros, las plantas con las que convivieron los abuelos de los abuelos, las huellas del origen.

Esta resina, después de pulirla se convertirá en una hermosa joya, única por su forma, su color y su contenido. Su valor en el mercado se cotiza de acuerdo a su tamaño, color o al número de insectos y restos de plantas que se encuentren en su interior. Mediante un pulido adecuado, se elaboran cuentas para aretes, collares, anillos, prendedores y pulsos. Algunas piezas de joyería lucen el tono clásico del ámbar, el amarillo, pero otras destacan por sus tonos rojizos, verdes y azules, que al ser combinadas con oro o plata, dan como resultado exquisitas obras de orfebrería.

Actualizado al: 25 de mayo del 2010